jueves, 17 de diciembre de 2015
miércoles, 16 de diciembre de 2015
El olvidado Sartre
8:31 by Arteliteral
El olvidado Sartre
Sartre visto por Yusti
Cuando era
adolescente "La Náusea" se convirtió para mà en un sÃmbolo, en un
paradigma de protesta capital. Mal comprendida en su momento, por supuesto,
pero que innegablemente resultó como un puñetazo directo a mis sentidos, una
luz que iluminaba el túnel de mi juventud gris y desapasionada. Luego de leer
esa novela Jean Paul Sartre fue un escritor al que era necesario seguirle la
pista, rastrearlo a través de sus piezas teatrales, sus libros filosóficos, sus
ensayos literarios, conferencias y ese desmedido afán, que colindaba con el
vedettismo más descarado, de hacer coincidir su vida con los preceptos (o
recetas) libertarias que pregonaba y sus posiciones de pensador desfachatado,
bastante a contracorriente.
Además de
su portentosa obra, estaba su vida ruidosa, llena de manifestaciones, pancartas
y graffitis, que marcó de manera definitiva, por espacio de 40 años, el
ambiente cultural y polÃtico de Francia y el mundo. O sea con Sartre el
escritor y pensador desvió su mirada de los libros para fijarlos en el mundo,
desde ese momento la responsabilidad del escritor con su entorno social dejó de
ser un mito para convertirse en un hecho soluble y cotidiano. Lo escrito por
Francisco Umbral es poéticamente exacto: "Sartre no ha tenido mucho
futuro. Más bien ha sido olvidado, desconocido, para las generaciones
sucesivas, que han visto en él a un moralista, a un predicador, el gran pensador
de una causa, el sovietismo/estalinismo, que hoy está perdida.
Jean-Paul
Sartre, empero, es para nosotros el último pensador que usa como herramienta la
literatura. La literatura es quizá la más profunda forma de conocimiento, pero
los pensadores de después de Sartre, como los estructuralistas, Derrida, Lacan,
Baudrillard, etc. (con la excepción jubilosa de Roland Barthes), se han
enfangado en un pensamiento tecnológico que no es sólo pedanterÃa, sino también
coqueterÃa, una manera culta y ambigua de no definirse ideológicamente, incluso
de rechazar toda definición. En este sentido digo que Sartre (y Camus, aquel
Bogart de las ideas) es el último pensador literario, ensayista/artista.
En Jean
Paul Sartre confluyeron el literato, el filosofo y el intelectual comprometido,
sin mencionar al relacionista público y al afiebrado polÃgamo, con una vida
sexual rocambolesca. Sartre en vida cumplió con todos sus roles con la misma
intensa capacidad. Como literato su obra marea por lo abundante: novela, libros
de cuentos, memorias, ensayos crÃticos, obras teatrales y guiones de cine.
Sus obras
capitales en filosofÃa son "El ser y la nada" y "CrÃtica de la
razón dialéctica". Como hombre público estuvo al lado de los
manifestantes, vivió a media calle repartiendo el periódico "Combat",
en las aulas universitarias estuvo haciendo digresiones sobre el mundo, la
metafÃsica y el ser. Era incansable. En todo momento estuvo alerta y siempre
dispuesto a participar como ciudadano, animal polÃtico e intelectual. Todo
revuelto y sin delimitaciones de ninguna naturaleza.
Juan Nuño
observó con oportuna claridad, que detrás de ese Sartre notorio, especie de
vedette pública (o debo escribir púbica) del pensamiento, de ese Sartre
enamoradizo y holgado de tiempo para amar y dar la cara ante los requerimientos
polÃticos, sociales o culturales del dÃa, estaba un Sartre bituminoso y tenaz.
Verdadera máquina humana de la escritura, quien recurrÃa a las anfetaminas para
no detener su trabajo de escritura, la cual se prolongaba por dÃas, noches y
semanas enteras. Y claro con toda esa actividad militante de pensador
pragmático, de enamorado braguetero, que encamó a una buena porción de
estudiantes, amas de casas, señoras del jet-set o el cine y una que otra cabeza
loca que pululaba por los ghettos de la liberación femenina, el amor libre, las
del sexo con neuronas (estilo Simone Beauvoi) y en esa tónica, no podÃa ser de
otra manera: la droga como motor y empuje para el trabajo intelectual.
Trabajo de
escritura, por otra parte, a destajo, y que en su conjunto parece no responder
a ningún patrón, convirtiéndose en una forma contundente para desechar una vida
normal apegada a los horarios, a las reglas domésticas del amor o a los
parámetros ortodoxos de la lucha polÃtica.
Su
activismo polÃtico (su rechazo al Nobel de literatura) no era más que una
altisonante proclama de hagoloquemedelagana, no era otra cosa que una manera
abierta de restregarles en sus narices a los literatos de salón y a los
filósofos de la oficialidad su desprecio por lo subjetivo, lo neutro; su
repulsa por todos aquellos pelmas eruditos que intentan elevarse por encima del
hombre común y de las contingencias cotidianas, haciendo gala de un espÃritu
cultivado en la arrogancia y el intelecto sin otro norte que la aula universitaria
y la silla de la academia.
Después de
Sartre los oficios de escritor y filósofo dejaron de ser actividades inocentes
y rumiantes (por aquello de vacas sagradas) distanciadas del mundo ordinario
para devenir en una toma de partido que dejaba al descubierto todo la
peligrosidad que puede significar eso de pensar, o escribir, al servicio de lo
humano en todos sus estratos.
En lo
particular me ha resultado siempre más tolerable el Sartre dramaturgo y el
Sartre ensayista. El primero ha puesto en escena más que un tema, trabajado por
actores, todo una filosofÃa, todo un engranaje de problemas filosóficos y
éticos. Estas frases de Sartre, citadas por Riu en su libro, son más que
ilustrativas a este respecto: "...Lo más emocionante que el teatro puede
mostrar es un carácter en proceso de realización, el momento de la elección, de
la libre decisión que compromete una moral y toda una vida". Sus piezas
teatrales como "Las moscas", "A puerta cerrada", "Las
manos sucias", "Los secuestradores de Altona" y "La puta
respetuosa" fueron en su momento obras que gozaron de enorme éxito.
El Sartre
ensayista es fascinante porque sus trabajos en este género son verdaderos
monstruos, en cuanto a densidad y extensión: "San Genet, comediante y
mártir" y "El idiota de la familia". Libros en los cuales Sartre
despliega una elástica y variada gama conceptual donde, con impecable estilo
literario, va construyendo un aparataje filosófico bastante alejado del ensayo
literario cómodo, amanerado y manso confeccionado con los lugares comunes del
pensar académico. En el libro "El idiota de la familia", Flaubert es
un pretexto para abordar ese drama de la creación literaria y en un escrito de
más novecientas páginas Sartre apenas esboza una introducción sobre el
maniático torturado escritor de "Madame Bovary".
En su otro
kilométrico ensayo Jean Genet, un ladrón, presidario y homosexual, trasmutado
en escritor, dramaturgo y poeta , le sirve a Sartre para una extensa e
imbricada disertación sobre el mal y la santidad desde una óptica irreverente,
lúdica y por momentos poética.
El viaje
en el tiempo para los escritores no pasa en vano. Muchos se quedan en los
anaqueles polvorientos del olvido. Algunos conocen épocas de vigencias
inesperadas y otros sufren eclipses irremediables luego de un rutilante y
luminoso protagonismo. Sartre pertenece a esta última categorÃa: su vida y su
obra fueron intensas. Ningún otro escritor como Sartre, salvo Voltaire, ha
conocido protagonismo más exagerado y vapuleado. En vida todas las
instituciones querÃan tenerlo como conferencista, en la mayorÃa de las
universidades del mundo sus pensamientos y sus escritos eran material obligado
de estudio. No haber leÃdo a Sartre era asunto bochornoso.
Hoy, sin
embargo, en esta transición postmoderna Sartre resulta un poco descosido, un
tanto aburridón, bodrio intelectual inleible. Octavio Paz y Juan Nuño saldaron
cuentas con él hace largo rato. Féderico Riu le dedicó un libro impecable.
Bueno, pues, si que hoy se lee más lo escrito sobre Sartre que a Sartre mismo.
Luego de una
descollante figuración la fama de Sartre ha colapsado. El entusiasmo hacia su
obra ha mermado bastante y pronto, quizá debido a que se convirtió en un
clásico insepulto, en un clásico vivo antes incluso de haber sido publicado por
la prestigiosa editorial "La Pléide". Santiago Kavadloff ha escrito:
"Se distingue, asà mismo, el clásico por su condición de precursor. Es él
quien por primera vez expresa su tiempo en un estilo; no éste o aquel aspecto
de su tiempo, sino todo su tiempo. En una palabra y en forma exhaustiva, su
época se torna estrictamente inteligible. El clásico bautiza su hora, la nombra
primigeniamente, como nadie hasta él, la plasma, traza su órbita ideológica,
define sus modalidades, descubre sus propensiones, señala fracasos, enuncia logros.
Es él quien recorta verbalmente sus fronteras éticas, sociales, metafÃsica y
sicológicas".
Se vuelve
siempre a los clásicos del pensamiento porque su obra de alguna manera puede
servir para explicar nuestro momento histórico. La obra de Sartre, en este
saldo postmoderno, reaccionario y apático, tiene poco que ofrecer. Sin embargo,
como están las cosas a Sartre le esperan futuros y rutilantes despertares.
Alfredo Maneiro:polÃtica y pasión erudita
8:27 by Arteliteral
Alfredo Maneiro:polÃtica y pasión erudita
Un Andés Velásquez (bisoño) Alfredo Maneiro(centro) flanqueado por
Clemento Scotto.
Clemento Scotto.
Los filósofos de la Grecia clásica convirtieron la expresión oral en su
mejor carta de presentación. Hicieron de la plaza pública un aula virtual para
sus disertaciones y propuestas. No eran productores de opiniones, sino de ideas
y conceptos trascendentales sobre el mundo y los hombres. No escribieron nunca.
Además consideraban la palabra escrita como una abyección de la palabra oral.
Los filósofos griegos demostraron gran competencia en el dominio de la
comunicación hablada, como consecuencia de ese inigualable talento pronto
tuvieron seguidores y discÃpulos.
Alfredo Maneiro, el sempiterno fundador de ese experimento polÃtico que
se llamó La Causa R, emparentaba mucho con los filósofos de aquella Grecia del
diálogo, la democracia y la filosofÃa. Alfredo Maneiro fue un orador vehemente,
inteligente, memorioso. Jamás alardeaba de nada aunque habÃa realizado su
respectiva pasantÃa por la guerrilla, era profesor universitario y se habÃa
graduado summa cum laude en filosofÃa. Cuando su verbo generaba ideas te
envolvÃa con gran lucidez al punto tal que sus interlocutores se quedaban
boquiabiertos. Si relataba algo, uno, incrédulo, no sabÃa si estaba mintiendo
con enorme imaginación o diciendo la verdad con invenciones de su propia
cosecha. Cuando Alfredo Maneiro hablaba seducÃa de manera irremediable. Era
bajo, regordete y ágil como su verbo siempre perspicaz, punzante, creativo y
oportuno.
Maneiro, luego de toda su travesÃa revolucionaria, que se podrÃa
denominar como dura, y de su ruptura con el MAS, quedó un tanto a la
intemperie. No obstante no iba a quedarse cruzado de brazos mientras el paÃs
polÃtico se fragmentaba en muchos pedazos, y donde a las claras iban quedando,
en los puestos claves del poder, oportunistas y politicastros, además de ese
MAS dialogante y parlamentario. Por último estaban los sobrevivientes de las
guerrillas rumiando su derrota, escribiendo libros de sus andanzas y
desentendiéndose de todo quehacer social. Luego estaba una buena porción de
izquierdistas atrincherados en las universidades donde habÃa más pasión y
tirapiedrismo que proyecto polÃtico de largo alcance. A modo grueso el paÃs se
encontraba en un marasmo polÃtico algo difuso. Maneiro como una especie de
filósofo urbano fue nucleando simpatizantes y adeptos hasta consolidar un
movimiento sin ideologÃa, pero con un proyecto claro para la toma del poder no
por la puerta de servicio. Para llegar a lo que fue en su momento de esplendor
La Causa R, Maneiro realizó tanteos y experiencias polÃticas heterodoxas. AsÃ
nació Procatia, El Agua Mansa, Bafle y el Prag. Luego vendrÃa el equipo de Los
Matanceros y El Nuevo Sindicalismo.
Alfredo Maneiro no escribió mucho, sin embargo en sus entrevistas,
artÃculos de opinión y discursos que se han recopilado (Notas polÃticas,
Ediciones El Agua Mansa) dejó pruebas de su agudeza mental, de su compleja
genialidad polÃtica.
Anotar que Alfredo Maneiro fue un polÃtico más es recuadrarlo de manera
simplista. Se podrÃa argumentar que fue por sobre todo un pragmático de la
polÃtica. Más que teorizar le gustaba vivir la polÃtica desde la piel y la
entraña. No es casual que su tesis de grado abordara la figura nada cómoda de
Maquiavelo. Para corroborar esto hay una anécdota, algo distorsionada por el
trapicheo oral, que vale la pena relatar. Cuando Alfredo estuvo de vuelta en la
vida mundana y silvestre continuaba conspirando. En ese trance consiguió una buena
suma de dinero para adquirir armas. Viajó al exterior y realizó los contactos
pertinentes. Durante el viaje conoció a un viejo impresor europeo que estaba
rematando una maquinaria de impresión Heidelberg. Sin pensarlo mucho cerró el
trato con el impresor. Compró un arma poderosa y terrible: una imprenta. Cuando
los bisoños camaradas le reclamaban su falta de visión, Maneiro sólo exclamaba:
“Ustedes no están en capacidad para diferenciar una K-40 de una lavadora
automática”.
Las salidas retóricas y los malabarismos dialécticos de Alfredo Maneiro
siempre fueron brillantes. Por lo general le preguntaban cuál era la ideologÃa
de La Causa R, y él respondÃa sin ambages: “Democrática en el sentido que le
daba Marx: cuando el movimiento revolucionario conquista el poder, conquista la
democracia. Ampliación y profundización de la democracia son los lineamientos
ideológicos de La Causa R”. Por supuesto que todo era retórica de la más
barata, pero Maneiro lo decÃa con tal convicción que pasaba como una verdad
inamovible y plausible. La Causa R era un partido estalinista en su estructura
que desconocÃa cualquier disidencia. En otra oportunidad le preguntaron sobre
el programa de gobierno y Maneiro a una velocidad impresionante contestó: “La
Constitución Nacional. Llevar a la práctica todo lo contemplado en nuestra
carta magna serÃa un acto radical y revolucionario”.
Con respecto a los intelectuales, donde él se incluÃa, claro, escribió:
“Los intelectuales quedarÃan libres de toda culpa si no fuera porque está entre
sus responsabilidades la de contribuir a dar un giro a la situación de
descomposición, fariseÃsmo, entrega, despolitización y frivolidad que sufre el
paÃs (...). Cuando la ideologÃa —llámese petróleo, betamax, Miami o pobreza
resignada— encandila hasta la ceguera al conjunto popular, alguien tiene que
contribuir a detener la ceguera o despejar la ilusión. Y ese —¿cuál otro?— es
el papel que le atribuimos a la inteligencia que queremos. Nada más ni nada
menos que lo que nos exigimos a nosotros mismos”.
Nunca fue una casualidad que su tesis de grado se enfocara en Nicolás
Maquiavelo, en el que confluyeron la teorÃa y la praxis polÃtica o, como lo
escribió el propio Maneiro: “...Maquiavelo el polÃtico, secretario del Consejo
y embajador, hacedor y deshacedor de entuertos, hubo de retirarse —o, de ser
retirado, que ambas cosas fue el caso— de la escena de los hechos para entrar
en el de la teorÃa (...). Maquiavelo no escribe sus memorias ni hace literatura
testimonial... Al contrario, Maquiavelo intenta la sÃntesis de la experiencia
de su época, trabaja en la memoria de la humanidad europea y lo hace con una
economÃa, capacidad de abstracción y sobre todo, claridad de intención tal, que
el resultado no sólo soporta la comparación con no importa cuál otro texto de
la teorÃa polÃtica, de la filosofÃa de praxis o de la llamada filosofÃa
social...”.
Maneiro, luego de salir de la clandestinidad, la cárcel y la montaña, no
se retira tampoco a escribir su librito testimonial sobre su experiencia como
guerrillero, no se deja ganar ni por la frustración, o la nostalgia, sino que
teoriza, organiza, busca aliados y de esa manera prepara una nueva trinchera de
lucha más acorde con los tiempos contemporáneos.
Fue un filósofo a su modo. Un Maquiavelo exquisito. Un inspirado del
marxismo. Como intelectual estuvo siempre tratando de cambiar la realidad. Era
un polÃtico culto. Un pequeñoburgués que fumaba puros y que leÃa a los
clásicos. Fue un maestro del arte polÃtico en su más excelso sentido. Sus
alumnos y deudos polÃticos son una mierda lastimera.
Le sobró inteligencia, claridad y visión. Entre tanta chatarra y
hojalata retórica de los politicastros brutazos de hoy, habrÃa que rescatar el
metal reluciente de sus ideas y opiniones. Sus seguidores le deben una lectura
más polÃtica que luctuosa. Para terminar, una frase de Alfredo Maneiro que a
los politicastros de hoy, expertos en el camaleonismo o cambios de chaqueta,
les va de perlas: “Tenemos que desconfiar de esos cruzados que van a Tierra
Santa montados en la grupa del caballo Saladino, de esa gente que abotona el
florete y hace digerible su reforma, de esos tardÃos alumnos de Lampedusa”.
Sherezade en el barrio
8:16 by Arteliteral
Sherezade
en el barrio
Gracias al señor Jaime, un singular librero e inusual vendedor de libros
usados, adquirà por una bagatela los dos
tomos de “La mil y una noches”, impresos en la ancestral tradición artesanal y
refilados a mano. La traducción es de Vicente Blasco Ibáñez, ese mÃtico
escritor que murió con una buena cimentada fama, mucho dinero y que hoy todavÃa
no caÃdo en el olvido. Además la edición viene acompañada con una serie de
ilustraciones a color que son ya una obra de arte en sà misma.
Como es lógico tengo este libro más como adorno y metáfora de la literatura
como salvación. Lo Leà hace años en una versión corsaria y de bolsillo editada
en la argentina. Luego he comprado ediciones menos espurias.
La historia principal, que es el tronco que sustenta la ramificación
de otros cuentos, siempre me resultó
fascinante. La doncella Shahrazad (o Sherezade) decide desposar al Sultán para
salvar a sus hermanas, a sabiendas que éste se casa con una doncella en la
noche y a la mañana siguiente ordena que la decapiten. Shahrazad tiene, además
de su juventud y belleza, una arma secreta: es una competente contadora de
historias. Arte que quizá aprendió de los narradores orales, que por algunas
monedas hechizaban y encantaban a los transeúntes en el mercado relatando
historias fantásticas y maravillosas.
La estratagema de la doncella para sobrevivir es archiconocida. Narra
una historia que atrapa la atención de Sultán y la deja inconclusa al despuntar
el nuevo dÃa. El Sultán si mata a la doncella no sabrá el desenlace de la
historia y entonces decide esperar a la noche siguiente para conocer el final.
Asà durante mil y una noches Shahrazad fue narrando historias para llegar al
dÃa siguiente. En el entretanto el Sultán se enamora y entonces la doncella
cuenta la historia de un Sultán desquiciado que cada noche desposaba a una
joven y la decapitaba al dÃa siguiente. El Sultán con horror comprende su
infamia y desiste de su insensatez.
No creo en estadÃsticas, pero existe un alto porcentaje de personas que
se han salvado gracias a la lectura y la literatura. En mi caso me crié en un
barrio zona roja. Tuve la lectura como un medio eficaz para escabullirme de una
realidad que te erizaba la piel. Por lo general andaba con un libro bajo en el
brazo, especie de amuleto para conjurar los demonios de un mundo en la cual la
gente se las ingeniaba para sobrevivir. Por supuesto que los perdedores de la
peor calaña, apostados en las esquinas, me veÃan como una posibilidad, como una
oportunidad que ellos habÃan perdido hace tiempo y me dejaban en paz e incluso
de malas maneras buscaban brindarme protección.
El escritor Anthony Burgess dijo: “La cárcel está llena de hombres y
mujeres que jamás leyeron un libro”. Leer libros y conocer historias también
ayuda en menesteres más cotidianos. Hoy el mundo desde todos los ángulos quiere
que nadie piense, quiere que todo el mundo se conforme con lugares comunes y
mensajes publicitarios, quiere que estemos sujetos a la silla eléctrica de las
directrices oficiales. La lectura amplia todos los horizontes ya que un hombre
que lee es un hombre que piensa, duda y no se regodea en el conformismo. La
lectura también comporta un riesgo por aquello escrito por Juan Villoro: “La
lectura es como el paracaidismo: en condiciones normales la practican algunos
espÃritus arriesgados, pero en caso de emergencia le salva la vida a
cualquiera”.
Quizá Don Quijote, Los Tres Mosqueteros, Leopold Bloom, Doña Bárbara y
muchos otros personajes de ficción no impidan que la cizaña de la muerte toque
el hilo de asombro en nuestra mirada, pero de seguro que a través de la
literatura tenemos un oportunidad de ganarle un dÃa más. Un nuevo dÃa
imprescindible para contarlo y que algunos otros necesitan con urgencia
escribir. No por azar escribió Borges: “Pese a los infortunios y a los azares,
a las metamorfosis y a los demonios, el caudaloso tiempo de Shahrazad nos deja
un sabor que no es menos raro en los libros que en la vida. El sabor de la
dicha”.
La dicha para mi fui estar tumbado en el sofá de sala leyendo historias
de califas, ladrones y lámparas maravillosas, mientras en el barrio se
entretejÃan las historias de ese mundo en el que la realidad a veces muerde
grandes trozos de ficción como la señora Rosa que tuvo sola parto de morochos
en su rancho durante una tenebrosa tormenta eléctrica y por esa razón la calle
se llama El milagro, o de Hugo que se electrocutó manipulando cables de luz y
después mucha gente decÃa haberlo visto luminoso y feliz por el barrio, o de
Iris una lesbiana que en los carnavales asumÃa su rol femenino: labios rojos,
falda corta y un escote sensual que volvÃa locos a los hombres de amor por
ella.
Al final uno entiende que la vida sólo sirve para aclararle a uno los
libros, que lo va situando en ese precipicio donde la lectura no es un
peligroso salto al vacÃo, sino un espectacular viaje hacia la memoria y la imaginación.
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Datos personales
- Arteliteral
- Carlos Yusti (Valencia-Venezuela, 1959). Es pintor y escritor. Cofundador del grupo Literario Los Animales Krakers y de la revista Zikeh. Su última exposición conceptual fue La Tapa del Frasco, revista-objeto, 2015. Ha publicado Pocaterra y su mundo (Ediciones de la SecretarÃa de Cultura de Carabobo, 1991); VÃrgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994), De ciertos peces voladores (1997). Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (Ediciones del Perro y la Rana, 2007) y Poéticas del ojo (editado por El perro y la rana, 2012) que reúne sus textos sobre arte. “A la brevedad posible” (Libro-objeto, ensayos-2015. 80 ejemplares numerados). “CartografÃa del tahúr solitario”, (libro-objeto que consiste en 40 cartas de baraja. Ensayos/2016. 150 libros numerados) En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categorÃa Crónica, por su libro Los sapos son prÃncipes y otras crónicas de ocasión.

