viernes, 22 de abril de 2016

Canto en el borde


Carlos Yusti
   


El arte siempre ha tenido su galería de raros de rigor. Artistas y escritores de distintos pelaje que se aproximan bastante a la paradoja, que rozan a tal punto la caricatura que se convierten en personajes imprescindibles para conocer la naturaleza humana y esa ansia de formar parte de esa ruleta rusa del arte y la literatura.
   En el arte parecen existir muchas posibilidades, pero las más visibles son el fracaso rotundo en alguna disciplina artística o ser el peor del gremio, pero a pesar de ello alcanzar cierta notoriedad y prestigio.
En esa galería de pésimos notables está el director de cine Edward. D. Wood Jr, el poeta William Topaz McGonagall y es pecado venial no incluir a la cantante lírica Florence Jenkins Foster.
    Edward D. Wood Jr., del quien Tim Burton realizó una película sobre su vida, quiso ser director de cine y alcanzó su sueño. Se especializó en películas serie “B” donde el misterio, el terror y lo realmente singular fueron los ejes de unas cintas donde se notaba el bajo presupuesto y la impericia estética del director. No obstante filmes como La novia del monstruo, Glen o Glenda y, sobre todo, Plan 9 del espacio exterior, hoy se consideran películas de culto no por sus inteligentes argumentos o sus sobresalientes actores( un vidente, un luchador sueco, una presentadora de televisión de películas de terror, una excavador de tumbas y una gloria en decadencia del cine como Bela Lugosi), sino por sus carencias y errores garrafales.
   Cuando uno tiene 15 años es capaz de escribir poemas almibarados y plenos de suspiros y primaveras, pero después uno se disuade y se olvida de esa poesía mala que ni en los baños públicos. No obstante el Poeta William Topaz MacGonagall a la edad de 47 años tuvo una iluminación y se desató a escribir, sin haber leído poesía, y una de sus primeras creaciones dice:
"El cerdo, si es que no estoy equivocado,
Nos da salchicha, jamón, tocino ahumado.
Por mucho que los demás no estén de acuerdo,
Me parece muy estúpido este cerdo".
   No contento con escribir poemas de un sublime atroz se fijó como tarea ofrecer recitales. Como es lógico los locales en los cuales se presentaba se abarrotaban. La gente iba a pasar un momento de carcajada escuchando los poemas más horribles y las rimas más absurdas: "En Nueva York comí salchichas de pork ..." Hoy en su Dundee natal en Escocia se le festeja como una gloria incomparable y orgullosos sus habitantes le dejan flores a su busto y  saben que Topaz MacGonagall es la suma de la mala poesía sin rival en el mundo.
   Cantar es un arte complicado, aunque con la tecnología actual cualquiera puede hacerse de una voz más o menos coherente en armonías. El canto lírico es todavía mucho más exigente ya que se educa la voz y el cuerpo para alcanzar notas altas de excelencia y prodigio. Florence Foster Jenkins no tenía voz, pero como tenía dinero hizo todo lo posible por convertirse en cantante lírica. Disuadida por familiares y amigos nunca hizo caso a las críticas, ni siquiera cuando comenzó a dar recitales y los críticos musicales la destrozaban. Patricio Lennard escribió: “Se puede cantar mal. Se puede cantar pésimo. Pero no se puede cantar como Florence Foster Jenkins”. Por Internet pueden encontrar grabaciones de esta mujer aferrada con vehemencia a su arte.
   Lo espantoso de su voz dio paso a la leyenda. De los íntimos recitales privados entre amigos y conocidos fue adquiriendo confianza y se presentó en el auditorio del Ritz-Carlton de Nueva York.
Al cumplir los 72 años su noche de consagración definitiva ocurriría en el Carnegie Hall, la sala estaba completamente hasta el tope. Esa noche recaudó 6.000 mil dólares.  La gente pagó para reírse, otros por curiosidad y los más crueles para abuchearla. Jenkins  con una naturalidad y una altivez de artista con dominio de su arte salió al escenario. Unas ridículas alas de cartón brillante salían de su espalda. Acompañada de un pianista inició su histórico recital. Durante espectáculo vocal hubo risas, carcajadas, chiflidos, pero al final la cantante hizo la venia de gran diva del canto y la sala estalló en un aplauso increíble. Foster Jenkins murió unas semanas después convencida de su grandeza como cantante.
   En una oportunidad Foster Jenkins dijo con pasmosa naturalidad: “La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá jamás decir que no canté”. Ella está entre las pocas cantantes líricas que ha interpretado el aria de la reina de la noche de la Flauta mágica de Mozart, un verdadero reto para cualquier cantante lírica. Sin duda que ella masacra el aria como nadie, pero nadie puede quitarle su coraje de haberla interpretado.
   No sé que asusta más si esa persistencia obstinada o ese no atreverse. En cualquier caso el arte es un gozo, un placer que debería estar por encima de críticas y oscuros rencores de quienes nunca se han atrevido a cantar, escribir o pintar; de quienes nunca se han atrevido a pisar esa luz temblorosa de ser el mejor practicando una actividad artística de la peor forma posible.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.

Video del día

Datos personales

Mi foto
Carlos Yusti (Valencia-Venezuela, 1959). Es pintor y escritor. Cofundador del grupo Literario Los Animales Krakers y de la revista Zikeh. Su última exposición conceptual fue La Tapa del Frasco, revista-objeto, 2015. Ha publicado Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994), De ciertos peces voladores (1997). Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (Ediciones del Perro y la Rana, 2007) y Poéticas del ojo (editado por El perro y la rana, 2012) que reúne sus textos sobre arte. “A la brevedad posible” (Libro-objeto, ensayos-2015. 80 ejemplares numerados). “Cartografía del tahúr solitario”, (libro-objeto que consiste en 40 cartas de baraja. Ensayos/2016. 150 libros numerados) En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión.

Social