Los poemas ajenos
Carlos Yusti
Sólo en la belleza ajena
hay consuelo, en la música
ajena y en los poemas ajenos.
Sólo en los otros hay salvación,
aunque la soledad sepa como
el opio.
(Fragmento del
poema “En la belleza ajena” de Adam Zagajewski)
El poema escrito encierra en su forma (y
quizás también en su ejecución) algunos insolubles enigmas. En ocasiones con
una inusual economía de palabras puede descubrirnos la belleza con todas sus
complejidades y destellos a saber. Es a veces un inaudito fogonazo de
divinidad, una especie de oración que te acerca bastante a Dios. El poema
guarda el secreto de sus esplendores, miserias y abismos para enfrentar, tanto
al poeta como al lector, a esa palpitación del tiempo en la cual somos apenas
un latido breve.
Para desentrañar los arcanos que un poema
oculta parece un buen plan ir a la fuente, conocer de propia mano las razones
que llevaron al poeta a escribirlo, que él intente explicar los mecanismos
sutiles para su composición, que haga lo posible de acercarnos a esas
motivaciones más íntimas que lo han estimulado a unir palabras y crear las
metáforas necesarias para llevarlo al papel.
Antonio Trujillo que también es poeta; ese
“poeta que hace vivir la palabra, la leña, el carbón, la madera virgen” a decir
de Reynaldo Pérez Só o ese poeta “que prefiere lo secreto, lo escrito en voz
baja, al tratar con lo desmesurado” como escribiera Luis Alberto Crespo, y
desde esa humilde condición de oficiante de la palabra va en busca de
esclarecer sus inquietudes como simple lector de poesía. Quiere saber más sobre
un conjunto de poemas que despertaron en él cierto estremecimiento, algún
asombro y, sin duda, innegable deleite.
Para tal empresa, y ya con los poemas
seleccionados, contactó con los diferentes poetas y fue indagando sobre los
pormenores de la escritura de determinado poema. Su travesía le llevó algunos
años y el resultado es (de seguro el primer tomo) de un libro titulado Regiones
verbales: Los poemas cuentan su vida. (Fondo Editorial Fundarte, 2014). Sobre como
surgió la idea el propio Trujillo ha explicado: “Este libro comenzó a
escribirse aproximadamente en el año 1998 gracias a la columna Verbo y Gracia
del periódico El Universal, llamada Los poemas cuentan su historia. Y de esta
manera es que nace esta idea de ir publicando un testimonio que cuenta la
historia del poema”.
El libro recopila los testimonios sobre la
escritura poética, de esos acicates sensoriales que mueven a la escritura a
poetas como Ángel Eduardo Acevedo, Laura Antillano, Juan Liscano, Ramón
Palomares y otros importantes poetas que de alguna manera conforman algo así
como un mapa de la poesía actual en el país. Con respecto a esta compilación
Antonio Trujillo ha aclarado que en lo absoluto es un trabajo de historia ni
antropología, sino más bien una pesquisa que intenta resaltar la percepción y
sensibilidad del poeta que tiene otra mirada sobre un lugar específico y de
allí proviene el nombre del libro. Los testimonios sobre la escritura del poema
van unidos a paisajes icónicos para los diferentes poetas, articulados a las
raíces familiares, a esos lugares claves donde los poetas han vislumbrado de
alguna manera la belleza y la metáfora. El libro es un encuentro verbal no sólo
con el poeta, sino con un trozo de región de nuestro país.
Antonio Trujillo es un conversador por
excelencia. Su inclinación por relatar historias, salpimentadas con anécdotas
curiosas, datos asombrosos y rocambolescos es proverbial. El libro Regiones
verbales: Los poemas cuentan su vida. tiene ese sello indiscutible de la
oralidad. Trujillo en las distintas conversaciones se limita a ser un escucha
atento; su presencia es imperceptible y con exquisita paciencia anota la voz de
los poetas, explicando las circunstancias en la cual escribieron el poema
seleccionado por el compilador y esto es un valor deslumbrante de este libro.
Otro de sus valores es ese acercamiento que el lector, como segundo
invitado/oidor, tiene con el poeta; esa aproximación a su intimidad artística y
creadora es una didáctica de humanidad. Otro aspecto a destacar, de este
luminoso libro, es el grupo de poetas
seleccionados/reunidos para contar su experiencia sobre la creación poética y
la cual varia de un poeta a otro, pero que en suma refleja una reflexiva
sencillez, una serena meditación, sobre el acto de escribir para fijar todo
aquello que rodea al poeta, todo eso que mueve sus afectos y sus visiones. Sólo
se echa en falta una pequeña nota biográfica de los poetas, del resto el libro
es una singular pieza bibliográfica sobre el arte de escribir poesía, sobre esos
mecanismos que la memoria elige para darle carne metafórica a esos lugares
adheridos a la sensibilidad del poeta, como una huella intangible del vivir en
la simplicidad mágica del devenir cotidiano.
La escritura es a veces un pacto tácito con
los recuerdos, con esos trozos de vivencias que de algún modo van moldeando el
alma. La poesía podría ser la llave que abre esa puerta de nuestra percepción
para captar ese fluir de tiempo y sueños que es nuestra vida y la cual gotea
con serena lentitud en nuestra memoria.
El poeta sabe que el poema es ese instante de
la interioridad trabajada con la música de la palabras. En ocasiones es una
oración o un abismo, una fe (o una forma de salvarse) que no sólo se encuentra
en sus propios poemas, sino en los poemas de los otros poetas o como lo
escribió Adam Zagajewski: “El autor y el lector siempre sueña con una gran
poema, que lo escriben, lo leen, lo viven”. He allí el intríngulis crucial:
vivir el poema, traspapelarse con su torrencial música, con esos breves compases
de silencios y que redima tanto a su autor como al lector, que lo rescate de un
mundo que parece haber perdido la brújula de lo poético.
Antonio Trujillo salió a la búsqueda de esa
belleza ajena con la sencillez de un explorador, de un caminante tocado por la
poesía como quehacer y creación, como turbación y deleite. Un hombre que desde
la soledad del poeta y la comunión de la palabra poética sale al encuentro de
lo sagrado por aquello escrito por Octavio Paz: “La poesía, ha dicho Rimbaud,
quiere cambiar la vida. Intenta embellecerla, como piensan los estetas y los
literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas. Mediante
la palabra, mediante la expresión de su experiencia, procura hacer sagrado el
mundo; con la palabra consagra la experiencia de los hombres y las relaciones
entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la mujer, entre el hombre y su
propia conciencia. No pretende hermosear, santificar o idealizar lo que toca,
sino volverlo sagrado”.
Como un viajero paciente y con la curiosidad
pulimentando su mirada Antonio Trujillo (con algunos poemas ajenos en sus
bolsillos) ha ido en pos de otros poetas
para conocer de buena fuente el misterio huidizo del arte poética. Su viaje lo
ha llevado a esas regiones del verbo, de ese metal dulce de la palabra como
llave que entra en la cerradura de la memoria y abre esa puerta por donde salen
en tropel el paisaje, la infancia, los sueños, el mar, el río, el amor, la
sombra, la aurora y el abismo; por donde emerge con naturalidad ese milagro que
algunos llaman poesía.
Regiones verbales: Los
poemas cuentan su vida. Antonio Trujillo. Fundarte. Caracas, 2014. 338
páginas.


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