viernes, 1 de abril de 2016

Los poemas ajenos


Los poemas ajenos


Carlos Yusti
Sólo en la belleza ajena
hay consuelo, en la música
ajena y en los poemas ajenos.
Sólo en los otros hay salvación,
aunque la soledad sepa como
el opio.
(Fragmento del poema “En la belleza ajena” de Adam Zagajewski)

           El poema escrito encierra en su forma (y quizás también en su ejecución) algunos insolubles enigmas. En ocasiones con una inusual economía de palabras puede descubrirnos la belleza con todas sus complejidades y destellos a saber. Es a veces un inaudito fogonazo de divinidad, una especie de oración que te acerca bastante a Dios. El poema guarda el secreto de sus esplendores, miserias y abismos para enfrentar, tanto al poeta como al lector, a esa palpitación del tiempo en la cual somos apenas un latido breve.

Para desentrañar los arcanos que un poema oculta parece un buen plan ir a la fuente, conocer de propia mano las razones que llevaron al poeta a escribirlo, que él intente explicar los mecanismos sutiles para su composición, que haga lo posible de acercarnos a esas motivaciones más íntimas que lo han estimulado a unir palabras y crear las metáforas necesarias para llevarlo al papel.

Antonio Trujillo que también es poeta; ese “poeta que hace vivir la palabra, la leña, el carbón, la madera virgen” a decir de Reynaldo Pérez Só o ese poeta “que prefiere lo secreto, lo escrito en voz baja, al tratar con lo desmesurado” como escribiera Luis Alberto Crespo, y desde esa humilde condición de oficiante de la palabra va en busca de esclarecer sus inquietudes como simple lector de poesía. Quiere saber más sobre un conjunto de poemas que despertaron en él cierto estremecimiento, algún asombro y, sin duda, innegable deleite.

Para tal empresa, y ya con los poemas seleccionados, contactó con los diferentes poetas y fue indagando sobre los pormenores de la escritura de determinado poema. Su travesía le llevó algunos años y el resultado es (de seguro el primer tomo) de un libro titulado Regiones verbales: Los poemas cuentan su vida. (Fondo Editorial Fundarte, 2014). Sobre como surgió la idea el propio Trujillo ha explicado: “Este libro comenzó a escribirse aproximadamente en el año 1998 gracias a la columna Verbo y Gracia del periódico El Universal, llamada Los poemas cuentan su historia. Y de esta manera es que nace esta idea de ir publicando un testimonio que cuenta la historia del poema”.

El libro recopila los testimonios sobre la escritura poética, de esos acicates sensoriales que mueven a la escritura a poetas como Ángel Eduardo Acevedo, Laura Antillano, Juan Liscano, Ramón Palomares y otros importantes poetas que de alguna manera conforman algo así como un mapa de la poesía actual en el país. Con respecto a esta compilación Antonio Trujillo ha aclarado que en lo absoluto es un trabajo de historia ni antropología, sino más bien una pesquisa que intenta resaltar la percepción y sensibilidad del poeta que tiene otra mirada sobre un lugar específico y de allí proviene el nombre del libro. Los testimonios sobre la escritura del poema van unidos a paisajes icónicos para los diferentes poetas, articulados a las raíces familiares, a esos lugares claves donde los poetas han vislumbrado de alguna manera la belleza y la metáfora. El libro es un encuentro verbal no sólo con el poeta, sino con un trozo de región de nuestro país.

Antonio Trujillo es un conversador por excelencia. Su inclinación por relatar historias, salpimentadas con anécdotas curiosas, datos asombrosos y rocambolescos es proverbial. El libro Regiones verbales: Los poemas cuentan su vida. tiene ese sello indiscutible de la oralidad. Trujillo en las distintas conversaciones se limita a ser un escucha atento; su presencia es imperceptible y con exquisita paciencia anota la voz de los poetas, explicando las circunstancias en la cual escribieron el poema seleccionado por el compilador y esto es un valor deslumbrante de este libro. Otro de sus valores es ese acercamiento que el lector, como segundo invitado/oidor, tiene con el poeta; esa aproximación a su intimidad artística y creadora es una didáctica de humanidad. Otro aspecto a destacar, de este luminoso libro, es el grupo de  poetas seleccionados/reunidos para contar su experiencia sobre la creación poética y la cual varia de un poeta a otro, pero que en suma refleja una reflexiva sencillez, una serena meditación, sobre el acto de escribir para fijar todo aquello que rodea al poeta, todo eso que mueve sus afectos y sus visiones. Sólo se echa en falta una pequeña nota biográfica de los poetas, del resto el libro es una singular pieza bibliográfica sobre el arte de escribir poesía, sobre esos mecanismos que la memoria elige para darle carne metafórica a esos lugares adheridos a la sensibilidad del poeta, como una huella intangible del vivir en la simplicidad mágica del devenir cotidiano.

La escritura es a veces un pacto tácito con los recuerdos, con esos trozos de vivencias que de algún modo van moldeando el alma. La poesía podría ser la llave que abre esa puerta de nuestra percepción para captar ese fluir de tiempo y sueños que es nuestra vida y la cual gotea con serena lentitud en nuestra memoria.

El poeta sabe que el poema es ese instante de la interioridad trabajada con la música de la palabras. En ocasiones es una oración o un abismo, una fe (o una forma de salvarse) que no sólo se encuentra en sus propios poemas, sino en los poemas de los otros poetas o como lo escribió Adam Zagajewski: “El autor y el lector siempre sueña con una gran poema, que lo escriben, lo leen, lo viven”. He allí el intríngulis crucial: vivir el poema, traspapelarse con su torrencial música, con esos breves compases de silencios y que redima tanto a su autor como al lector, que lo rescate de un mundo que parece haber perdido la brújula de lo poético.

Antonio Trujillo salió a la búsqueda de esa belleza ajena con la sencillez de un explorador, de un caminante tocado por la poesía como quehacer y creación, como turbación y deleite. Un hombre que desde la soledad del poeta y la comunión de la palabra poética sale al encuentro de lo sagrado por aquello escrito por Octavio Paz: “La poesía, ha dicho Rimbaud, quiere cambiar la vida. Intenta embellecerla, como piensan los estetas y los literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas. Mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia, procura hacer sagrado el mundo; con la palabra consagra la experiencia de los hombres y las relaciones entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la mujer, entre el hombre y su propia conciencia. No pretende hermosear, santificar o idealizar lo que toca, sino volverlo sagrado”.

Como un viajero paciente y con la curiosidad pulimentando su mirada Antonio Trujillo (con algunos poemas ajenos en sus bolsillos)  ha ido en pos de otros poetas para conocer de buena fuente el misterio huidizo del arte poética. Su viaje lo ha llevado a esas regiones del verbo, de ese metal dulce de la palabra como llave que entra en la cerradura de la memoria y abre esa puerta por donde salen en tropel el paisaje, la infancia, los sueños, el mar, el río, el amor, la sombra, la aurora y el abismo; por donde emerge con naturalidad ese milagro que algunos llaman poesía.

Regiones verbales: Los poemas cuentan su vida. Antonio Trujillo. Fundarte. Caracas, 2014. 338 páginas.

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Carlos Yusti (Valencia-Venezuela, 1959). Es pintor y escritor. Cofundador del grupo Literario Los Animales Krakers y de la revista Zikeh. Su última exposición conceptual fue La Tapa del Frasco, revista-objeto, 2015. Ha publicado Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994), De ciertos peces voladores (1997). Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (Ediciones del Perro y la Rana, 2007) y Poéticas del ojo (editado por El perro y la rana, 2012) que reúne sus textos sobre arte. “A la brevedad posible” (Libro-objeto, ensayos-2015. 80 ejemplares numerados). “Cartografía del tahúr solitario”, (libro-objeto que consiste en 40 cartas de baraja. Ensayos/2016. 150 libros numerados) En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión.

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