domingo, 28 de julio de 2019

FRANZ KAFKA CUMPLIÓ 136 AÑOS



José Carlos De Nóbrega





Franz Kafka cumplió 136 años (I) se trata de una aproximación a su novela “La Metamorfosis”, publicada el año 1915 en plena I Guerra Mundial. JCDN.

Hoy, jueves 4 de julio de 2019, en mi kafkiano cumpleaños cincuenta y cinco, celebro a este contemporáneo nuestro, nacido en Praga hace 136 años. Iniciamos esta serie con “La Metamorfosis” (1915), luego hablaremos del imprescindible ensayo “El Otro Proceso a Kafka” (1969, el cual fue publicado hace medio siglo) de Elias Canetti y, por supuesto, la novela inconclusa pero no menos inquietante “El Proceso” (1925), cuya primera edición en castellano por Losada salió de entre las tinieblas del siglo en 1939.

La Metamorfosis, novela que Jorge Luis Borges deseaba escribir pero que sin embargo tradujo, va más allá del relato sobre una familia disfuncional. Además de las relaciones familiares de poder, Kafka recreó y desarrolló la atmósfera del absurdo que afectó el arte literario para siempre y la captación del despropósito histórico social no sólo de su tiempo histórico sino del resto del siglo XX.

La conversión de Gregor Samsa en un horripilante insecto, va a la par del caos judicial que ejecutó sumarialmente a Joseph K en El Proceso sin que éste lograra conocer el (sin) por qué. La figura del padre padrote y autoritario, adquiere los visos de un parricidio estético y no físico como el que le inflige Dostoievski en Los hermanos Karamázov.

Se contrapuso, sin quererlo, a la celebración lírica y fantástica del Padre realizada por el escritor y dibujante Bruno Shulz, un judío polaco exterminado en el campo de concentración sin gas letal (un oficial SS le descerrajó un tiro, cual inofensivo perro faldero). La novela de Kafka marcaría el tratamiento de este tema, no olvidemos los films Padre Padrone de los hermanos Taviani y Magnolia de Paul Thomas Anderson.

La metamorfosis fantástica de Gregor Samsa, tratada con un aparente y sobrio realismo, introduce la anécdota sin rebuscamientos expresionistas. Siendo evidente y terrorífica la tribulación de este inigualable personaje. La libertad de Samsa, paradójicamente, estuvo condicionada por la manutención de su familia. ¿Valdría la pena dado su vía crucis en el cual fue escupido y lapidado por la indolencia del clan familiar?

El cuestionamiento al patriarcado es doble: El papá biológico y el patrono laboral no se compadecen de su sufrimiento indecible, pues importa más el rol como poblador activo (esclavo asalariado) que el del hijo y compañero de labores. La supervivencia se traduce como el lado oscuro del orden económico y social por demás oprobioso.

El sistema, inferido de la disfuncionalidad familiar, muestra su rostro más severo: El uso materialista del tiempo, la cautividad asalariada y el autoritarismo del empresario capitalista. La “prisa loca” de Gregor para tomar el tren e incorporarse a la oficina, nos revela la tragedia humana en términos inmediatos sin florilegios estilísticos ni elucubraciones sociologizantes: “Era el tal mozo una hechura del amo, sin dignidad ni consideración”.

La situación extrema de nuestro anti-héroe hecho monstruo, posee múltiples aristas e implicaciones: la propensión a la depresión, la marginalidad social definitiva y el desamparo existencial.

La arquitectura macabra nos remite a la casa como Infierno ignaciano, con sus puertas inhóspitas a la derecha y a la izquierda, el llorar y el crujir de dientes, el olor a carne podrida y chamuscada, el vocerío destemplado de los alrededores internos y externos. La escritura se vale de la impiedad cruda del Decir: “En la habitación contigua de la izquierda reinó un silencio lleno de tristeza, y en la habitación contigua de la derecha comenzó a sollozar la hermana”.

Los miembros del clan Samsa, pasado el estupor y el asco, retoman el poder ilusorio y vano de la casa: La madre en labores de costura, el padre y la hija como simples empleados de la banca y los servicios. El agradecido Lar muta en el cuarto leprosario de Gregor: sin muebles ni registro de su humanidad, pues asume funciones de comedero, jaula y depósito de inútiles cachivaches.

El apocamiento del protagonista no procede tan sólo del entorno familiar, sino de su baja auto-estima y falta de vuelo libertario. Tal es el cataclismo a que lo reduce, por ejemplo, las visitas y atenciones de la piadosa hermana, quien le convierte en una curiosa marioneta a su merced: “Mas debió arrepentirse de su proceder, pues tornó a abrir al momento y entró de puntillas, como si fuese la habitación de un enfermo de gravedad o la de un extraño”.

La auto-compasión conduce a Gregor Samsa a una inevitable y progresiva degradación existencial. Si bien a veces resurge la esperanza, sólo que a fuerza de la mitomanía del marginado que procura aliviar su permanente dolor.

La muy desoladora muerte de este ciudadano de a pie universal, bajo el cielo gris del día de su Juicio Final en Praga, significó un extraño y ponzoñoso alivio para su familia: Padre, madre y hermana se tomaron la jornada libre para pasear felices como si nada.



José Carlos De Nóbrega

Ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Ha publicado los libros de ensayo Textos de la prisa y Sucre, una lectura posible, ambos en 1996, y Derivando a Valencia a la deriva (2006). Fue director de la revista La Tuna de Oro, editada por la UC. Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.



FUENTE/ Ciudad VLC

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Carlos Yusti (Valencia-Venezuela, 1959). Es pintor y escritor. Cofundador del grupo Literario Los Animales Krakers y de la revista Zikeh. Su última exposición conceptual fue La Tapa del Frasco, revista-objeto, 2015. Ha publicado Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994), De ciertos peces voladores (1997). Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (Ediciones del Perro y la Rana, 2007) y Poéticas del ojo (editado por El perro y la rana, 2012) que reúne sus textos sobre arte. “A la brevedad posible” (Libro-objeto, ensayos-2015. 80 ejemplares numerados). “Cartografía del tahúr solitario”, (libro-objeto que consiste en 40 cartas de baraja. Ensayos/2016. 150 libros numerados) En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión.

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