sƔbado, 6 de julio de 2019

Libros en la casa de la perdición



Carlos YUSTI


La debilidad de la memoria es proverbial y es a veces como un largo camino con muchos baches y que la gente designa como olvidos. La literatura por lo general rellena esos huecos y con un hilo invisible trae de vuelta algunos recuerdos. Algo de esto me ocurrió con Walter Benjamín y su libro Calle de dirección única, traducido también como Dirección única, que reúne aforismos y textos breves y cuyos títulos son calcados de esos los carteles callejeros. Contaré la historia recuperada de mi memoria gracias al libro de Benjamín.

Tan libresco como soy, y subordinado a los designios de lo fortuito, estuve un buen tiempo como director de una biblioteca. Se hacĆ­an diversas actividades culturales. Una de la mĆ”s relevante eran Las cajas viajeras. Se preparaban algunas cajas con libros, de gĆ©neros diversos,  para escuelas, o cualquier grupo organizado que las solicitara. Esta biblioteca, amplia y de dos pisos, hoy ya no existe debido a la sabidurĆ­a de un alcalde de pacotilla que padeció la ciudad y cuya gran obra educativa fue desmantelarla.

En las adyacencia de la Biblioteca “Los Mangos” (ostentaba el nombre de algĆŗn politicastros de oficio, pero como se encontraba situada en una plaza con frondosos Ć”rboles de mangos la gente la llamaba asĆ­) estaba un prostĆ­bulo simbólico de la ciudad llamado “La Colmena”.

Un dĆ­a la secretearĆ­a anuncia que dos damas, poco recatadas en el vestir, deseaban conversar con el director. Eran trabajadoras de La Colmena. Explicaron que algunas de las chicas eran de otros estados y muchas vivĆ­an en el prostĆ­bulo, alquilando una estrecha habitación. Que en el dĆ­a dormĆ­an y luego se aburrĆ­an mucho. Deseaban saber  como era eso de las cajas viajeras. Les expliquĆ©. Estaban interesadas. PreguntĆ© que tipo de libros les gustarĆ­a. Una enseguida dijo: “Novelas romĆ”nticas” y la otra complementó: “Revistas y suplementos, si tienen”. Les dije que en lo personal prepararĆ­a la caja y se las llevarĆ­a. Que cuando fuese preguntara por NohemĆ­ o Natacha.

En la primera caja incluƭ algunas novelas de Corƭn Tellado, BƔrbara Cartland y esas noveletas de quiosco denominadas Jazmƭn, Julia y Bianca. Incluƭ, claro, novelas de las hermanas BrontƩ, de Jane Austen, los Cuentos de amor, de locura y de muerte de Quiroga y El monje de Matthew Gregory Lewis. Para interesarlas detallaba de los libros las partes romƔnticas, tƩtricas y de horror.

Mientras escribĆ­a de los libros en la colmena recordĆ© que las vecinas amigas de mi madre llamaban al prostĆ­bulo como la casa de la perdición. Con regularidad iban de visita a referirle los Ćŗltimos chismes  mamĆ”. Cierta maƱana llegó una vecina y luego de la taza de cafĆ© respectiva soltó el comentario sobre el esposo de “la fulana esa que se cree la gran cosota, pero que es incapaz de controlar al marido que vive metido en una casa de perdición”. Mi mamĆ” con sabidurĆ­a sarcĆ”stica le dijo: “SerĆ” una casa de perdición y todo, pero quizĆ” el hombre encuentra algo en ese lugar y por eso siempre va. Perderse es a veces la mejor manera de uno encontrarse”.

Estuve llevando la caja viajera con libros a esa casa de perdición por espacio de un año. Los cuentos, comentarios y críticas de las chicas, indiscutibles abejas obreras de La colmena, bien valen un escrito aparte.

Retomando la Calle de dirección Ćŗnica,  hay que subrayar lo actual del libro, en cuanto a la forma. Pensamientos y reflexiones que se alejan de los gĆ©neros literarios. Es un libro-experimento, como imitando un collage DadĆ”, (caracterizados por incluir letras de distintos tamaƱos tipogrĆ”ficos, recortes de todo tipo, palabras sueltas, figuras recortadas de revistas, textos despedazados) en la que el escritor va ensamblando sus ideas a partir de las voces de la calle vociferante de inscripciones y carteles. El libro conformado por sesenta textos breves, que modifican el estilo y el tema de un texto a otro van estructurando un bastante curioso. Libro heterogĆ©neo y miscelĆ”neo si se asume lo escrito por Luis Bugarini: “El libro miscelĆ”neo es por naturaleza indescifrable, incluso para su autor, que lo descubre segĆŗn lo ordena. Sus propiedades oraculares desafĆ­an las categorĆ­as, esos puntos de encuentro habituales en cualquier literatura. Son el tipo de libros que se leen con perplejidad, sin jamĆ”s entender a cabalidad el sentido Ćŗltimo de lo que se lee. Juego de sombras y partida de cartas, este libro desdeƱa las fórmulas del tiempo. Es inclasificable y al serlo es un tĆ­tulo que nace y gana autonomĆ­a por su sola existencia”.

En cada  segmento de texto BenjamĆ­n evoca la ciudad como artefacto que tiene su propio lĆ©xico. Para Ć©l es como un decorado teatral de cafĆ©s, tiendas, estacionamientos, edificios atosigados con rótulos y leyendas pĆŗblicas. Trata de ahondar sobre la vida diaria desde la superficie urbana de las calles de la ciudad. Los textos no siguen un orden temĆ”tico, ni cronológico y mucho menos de ilación teórica.

El libro tiene similitudes con el blog actual, en el cual el usuario va escribiendo trozos de un discurso mĆŗltiple. Los tĆ­tulos escogidos por BenjamĆ­n, para sus fragmentos, imitan los carteles que se pueden encontrar en la calle: Oficina de objetos perdidos, alarma de incendios, se alquilan estas superficies, ¡cerrado por reformas!, Madame Ariane, segundo patio a la izquierda, etc.

En el fragmento ¡Cuidado con los escalones!, escribe: “El trabajo sobre una buena prosa tiene tres escalones: uno musical, donde es compuesta; uno arquitectónico, donde es construida, y, por Ćŗltimo, uno donde es tejida”. De esta manera los distintos fragmentos se arman y desde este postulado estilĆ­stico el escritor va uniendo objetos y palabras externas con el pensamiento hasta lograr una suerte melodĆ­a traducida en escritura. No cualquier escritura, sino esa que trata de dilucidar el presente en un recorrido que a su vez busca unir las piezas dispares de ese rompecabezas urbano, donde la escritura se manifiesta entrecortada, minimalista, desmembrada. BenjamĆ­n va anotando ideas, sueƱos, recuerdos a partir de las distintas formas de expresión anónimas que pueblan la calle y que Ć©l transcribe tambiĆ©n desde lo fragmentario, como pequeƱos bloques de un pensamiento que va mutando constantemente como las tonalidades del dĆ­a, a distintas horas, en la ciudad.

En un recorrido en microbĆŗs me dispuse a leer la portada de ese libro urbano, que es a fin de cuenta, la ciudad. Intentaba capturar un poco la esencia del libro de BenjamĆ­n. Los carteles que pude observar fueron: Final de canal exclusivo. Amortiguadores e inyectores. Venta de libros usados: “En las palabras hay poder de vida y muerte; quienes las aman comerĆ”n de su fruto. Proverbios 18:21”. Boulevard de la comida. Calle Upata. LoterĆ­a de Animalitos. Hay punto. Se leen las cartas, se adivina el porvenir y se hacen ensalmes. Funeraria la luz. Espere su turno. Todo en frenos.

El fragmento que trajo a mi memoria a las lectoras de La Colmena tiene el escueto tĆ­tulo de NĀŗ 13. Que puede ser perfectamente como el nĆŗmero de una casa, un negocio o algo por el estilo. Dos epĆ­grafes son la pista para acercarnos a su enigmĆ”tica y satĆ­rico planteamiento. Uno pertenece a Marcel Proust: "Trece—siento un placer cruel al detenerme en ese nĆŗmero", que corresponde al tomo IV de Sodoma y Gomorra, de En busca del tiempo perdido: “Me atrevo a confesar que muchas de sus amigas —aĆŗn no la amaba a ella— me dieron en una u otra playa instantes de placer. Aquellas compaƱeras benĆ©volas no me parecĆ­an demasiado numerosas, pero Ćŗltimamente he vuelto a pensar en ellas y he vuelto a recordar sus nombres. ContĆ© doce que en aquella temporada me brindaron sus dĆ©biles favores. RecordĆ© otro nombre al instante, con el que hacĆ­an trece—entonces siento un placer cruel al detenerme en ese nĆŗmero. PensĆ© —¡ay!— que habĆ­a olvidado a la primera: Albertine, que ya no estaba, y que fue la decimocuarta”.

El otro es de MallarmĆ©: «El repliegue virgen del libro, de nuevo, dispuesto para un sacrificio con que sangró el canto rojo de los antiguos tomos; la introducción de un arma, o abrecartas, para establecer la toma de posesión».

Las 13 muchachas que se entregan al placer se suman a los libros vírgenes que son penetrados con un cortapluma. Benjamín en este fragmento Nº 13 compara los libros, (manoseados por muchos y adquiridos por algún dinero) con las prostitutas. Su ironía bizarra se sustenta en los epígrafes para barnizar/suavizar el comentario con algo de alegoría simbólica.

El fragmento en cuestión tiene acotaciones como esta: I. Los libros y las prostitutas pueden llevarse a la cama./ III. Nadie nota en los libros ni en las prostitutas que los minutos les son preciosos. Sólo al intimar un poco mĆ”s con ellos, se advierte cuĆ”nta prisa tienen. No dejan de sacar cuentas mientras nosotros nos adentramos en ellos./V. Los libros y las prostitutas tienen cada cual su tipo de hombres que viven de ellos y los atormentan. A los libros, los crĆ­ticos./VI. Libros y prostitutas en burdeles: para estudiantes./ IX. A los libros y a las prostitutas les gusta lucir el lomo cuando se exhiben./ XI. Libros y prostitutas: «vieja beata —joven golfa—». ¡De cuĆ”ntos libros proscritos antaƱo no ha de aprender hoy la juventud!/ XIII. Libros y prostitutas: las notas al pie de pĆ”gina son para aquĆ©llos lo que, para Ć©stas, los billetes ocultos en la media.

A mis amigas lectoras de la colmena estos comentarios de Walter BenjamĆ­n sin duda les habrĆ­an parecido un poco desentonados. Para el autor la finalidad de escribir ese libro fragmentario fue “entender la actualidad como el reverso de lo eterno en la historia y tomar las huellas de esa cara oculta de la moneda”. Lo cierto es un libro como Calle de dirección Ćŗnica, prefigura esos libros del futuro cuyos contenidos se pasean por temas disĆ­miles y que asimismo incluyen cuentos, mĆ­nimos ensayos, cuentos hiperbreves, aforismos y anotaciones del mĆ”s diverso pelaje. Libros que no se apegan a un gĆ©nero definido/definitivo y fluctĆŗan con libertad en esa levedad poĆ©tica de las hojas secas arrastradas por el viento en esa calle desolada de la memoria.



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Carlos Yusti (Valencia-Venezuela, 1959). Es pintor y escritor. Cofundador del grupo Literario Los Animales Krakers y de la revista Zikeh. Su Ćŗltima exposición conceptual fue La Tapa del Frasco, revista-objeto, 2015. Ha publicado Pocaterra y su mundo (Ediciones de la SecretarĆ­a de Cultura de Carabobo, 1991); VĆ­rgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994), De ciertos peces voladores (1997). Dentro de la metĆ”fora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (Ediciones del Perro y la Rana, 2007) y PoĆ©ticas del ojo (editado por El perro y la rana, 2012) que reĆŗne sus textos sobre arte. “A la brevedad posible” (Libro-objeto, ensayos-2015. 80 ejemplares numerados). “CartografĆ­a del tahĆŗr solitario”, (libro-objeto que consiste en 40 cartas de baraja. Ensayos/2016. 150 libros numerados) En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio ArrĆ”iz”, en la categorĆ­a Crónica, por su libro Los sapos son prĆ­ncipes y otras crónicas de ocasión.

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